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¿Pero cuál ha sido la causa del fallo mundial de WhatsApp?

Puede que los usuarios que se sumaron después de 2014 no lo recuerden. Pero WhatsApp, sobre todo en sus inicios, era como una escopeta de feria. Fallaba muy a menudo. Las caídas del servicio eran recurrentes. Día sí, día no se producían fallos técnicos que dejaban sin conexión a miles de personas. Se entendía por su filosofía «startup». Se comprendía. Y se perdonaba. Era una razón obvia al tratarse de una pequeña compañía que daba sus primeros pasos. Que sus servidores se colapsaran por las ingentes peticiones de nuevos usuarios y el procesamiento de las miles de conversaciones era asumible.
Todo cambió con su llegada a Facebook a pesar que tres días después de efectuar la compra se dio un batacazo. Bajo el paraguas de la multinacional americana, lo que era tan solo una mera pero prometedora aplicación de chat se empezó a mirar con lupa. No había justificación en caso de sufrir un desliz técnico. No se podía colgar ni siquiera diez minutos el servicio. Se hizo suya una de las grandes obsesiones de las compañías de internet, soportar el esfuerzo de la escalada internacional. Y durante todos estos años ese problema parecía haberse corregido al formar parte de uno de los mayores entramados de internet.
Actualización o colapso

Y la ocasión de volver a aquellos momentos de incertidumbre que sus seguidores se lo tomaban a risa se produjo ¿casualmente? este miércoles durante la presentación de los resultados de Facebook. Por el momento se desconocen las verdaderas causas del servicio, aunque se especula con la posibilidad de que la empresa esté probando algunas novedades dentro de la plataforma (la cuenta de @WABetaInfo advertía de una «increíble actualizción» próximamente) o, simplemente, un fallo (importante) en las infraestructuras técnicas de esta conocida aplicación que mueve más de 1.200 millones de usuarios.
En opinión de Dave Anderson, experto en tecnología de la firma Dynatrace, una actualización de la aplicación que se encontraba en pruebas por parte de la compañía puede haber sido la culpable del fallo mundial. En declaraciones a la cadena BBC, Anderson ha recordado que WhatsApp suele enviar una nueva versión del servicio cada pocos días y es «posible que estén introduciendo códigos de programación nuevos cada hora para para prepararse para su lanzamiento». En opinión, «cada desarrollo [técnico] contempla riesgos y únicamente se necesita una línea de código errónea para que la aplicación y la aplicación fallará».
Tampoco ha trascendido la gravedad del asunto, pero el impacto ha sido mayor del que se creía; tuvo un alcance internacional y dejó sin servicio a millones de usuarios, principalmente de áreas de Europa y Brasil. En un comunicado remitido a este diario, la compañía norteamericana ha asumido este problema que se prolongó durante tres horas hasta pasada la medianoche del jueves en España: «Los usuarios en todo el mundo no pudieron acceder a WhatsApp durante unas horas, pero ya hemos solucionado el problema; pedimos disculpas por las molestias».
Los fallos de WhatsApp quedaron reflejados en el traslado de muchos de sus usuarios a otras plataformas, como su rival Telegram, o en los incesantes mensajes publicados en otras redes sociales como Facebook o Twitter, en donde manifestaban su malestar por no poder acceder al servicio. Afortunadamente, la caída de los servidores se produjo en España a unas horas (entre las 22 y 24 horas) en donde gran parte de los ciudadanos se encuentran a punto de irse a dormir, por lo que el efecto pudo ser menor.
Pero este episodio demuestra, una vez más, la excesiva adicción de este tipo de herramientas digitales en la comunicación actual. Tanto WhatsApp como Facebook han cambiado radicalmente la manera de interactuar entre las personas. Y lo ha hecho, principalmente, a través del empuje de su principal socio, el teléfono móvil inteligente. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de la compañía americana en ofrecer alternativas para escritorio PC, WhatsApp sigue siendo, por su naturaleza, una «app». Es decir, un programa para el entorno móvil.
Tal es la adopción del servicio que, según los últimos datos del estudio anual de redes sociales elaborado por IAB Spain, los españoles consultan más de cinco horas a la semana (seis veces al día) WhatsApp, siendo la red social por excelencia en este territorio. Teniendo en cuenta que se estima que en España existen 22 millones de internautas, el total de usuarios es importante.
Facebook decidió en 2014 tirar de chequera y desembolsar, en una de las operaciones financieras más importantes de la historia, 13.800 millones de euros en adquirir una simple aplicación, WhatsApp. En su momento se tildó incluso de locura, pero con el tiempo se han podido observar las verdaderas intenciones de la compañía: borrar de un plumazo a la competencia y tomar los datos personales de millones de personas de todo el mundo.
Pese al tremendo gasto, la multinacional americana no dio de lado su otra aplicación de chat, Messenger, de la que convirtió en independiente de la red social original, potenciándola hasta lograr los 1.200 millones de usuarios registrados, unas cifras que igualan a la masa de WhatsApp. Es más, Facebook quiere potenciar su propia «app», que ha utilizado en muchos casos como fábrica de ideas y plataforma para el ensayo de futuros servicios.
La marca «WhatsApp», pese a su alta penetración en países europeos como España, no ha logrado arrastrar a los usuarios en EE.UU. Y eso es un problema, porque en este territorio esta «app» gestiona únicamente 20.5 millones de usuarios (el 16%), según datos de la consultora Statista, que apunta que en otros países, sin embargo, sí tiene una presencia mayor. El 55% de la población en Alemania utilizan WhatsApp. En Estados Unidos, las aplicaciones de mensajería móvil más populares son Facebook Messenger, Hangouts y Snapchat.
¿Acaso ha empezado Facebook a descuidar WhatsApp? ¿Importa cada vez menos? ¿Se ha convertido en una «app» de segunda división? David Marcus, máximo responsable del servicio, apuntaba a inicios de año en un comunicado algunas de las claves de su desarrollo y crecimiento de cara al futuro. «Messenger es tu sala de estar virtual», escribía. «Es su directorio global de personas y empresas», insistía. Ese interés se percibe en cómo la compañía ha enriquecido la plataforma con juegos, pegatinas, videollamadas, «chatbots», pagos móviles. Una «app» para todo. Y, además, con la posibilidad de obtener rentabilidad gracias a la publicidad, no como sucede en su «hermana».
Más recientemente sacó pecho de la evolución del servicio: «El pasado F8, abrimos la plataforma Messenger a la comunidad global de desarrolladores. Desde entonces, hemos escuchado y aprendido mucho, y estamos encantados de ver cómo se convierte en un canal próspero para que marcas, desarrolladores y consumidores puedan conectarse entre sí y con las cosas que les gustan. También hemos pasado los últimos doce meses enfocados en mejorar y lanzar productos y herramientas que nos ayuden a mantenernos en contacto».

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